Acerca del ejercicio planteado de una intervención en el espacio público, y aún sobre la línea que he seguido de las mascotas, me inclino por una reflexión sobre el problema tan grande que es la disposición de los desechos de los perros que cada día cientos de miles de personas sacan a la calle en esta ciudad, y además los de los perros callejeros. En ciudades tan grandes, es urgente que se ayude de alguna manera a resolver el problema de la basura que generamos, y los desechos que generan nuestras mascotas y que es necesario tratar aparte del reciclado parcial que ya se lleva a cabo en los puntos de acopio de basura. Los desechos biológicos de perros y gatos, si no son eliminados a través del drenaje, pueden representar una gran fuente de infecciones. En las calles, se pueden ver restos de heces de perro (y de indigente) que contaminan el aire que respiramos.
En esta intervención me interesa hacer más evidente la presencia de desechos de perro en nuestro camino diario, y al que ya estamos tan acostumbrados que sólo les sacamos la vuelta. Es como pasar por un campo minado.
Los excrementos falsos pueden ser hechos de barro crudo o de cemento pigmentado, pieza por pieza con una duya de pastelero. Una vez secos se pueden acomodar en el patrón conveniente, sea una palabra como "levántame" o en formaciones más o menos regulares que obliguen a la gente a pasar entre ellos.


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